Un joven pobre y huérfano de padre se ocupaba en cosechar plantas medicinales que su madre vendÃa en el mercado. Un verano, fue tan terrible la sequÃa que hasta los árboles más altos se secaron y la vida fue muy dura para todos.
Cierto dÃa, el joven descubrió con sorpresa un prado abundantÃsimo en toda clase de plantas. Cosechó lo que pudo, fue al mercado y lo vendió todo a buen precio.
Volvió al mismo lugar y encontró el prado tan floreciente como antes. Muchos dÃas pasó cosechando, vendiendo y consiguiendo grandes ganancias. Un dÃa descubrió oculta entre las raÃces de un planta, una perla más deslumbrante que una estrella.
De acuerdo con su madre, la guardó en el recipiente del arroz, pensando negociarla. Al dÃa siguiente, el joven encontró marchito el prado de su fortuna. Regresó de inmediato a contárselo a su madre, pero ella lo sorprendió con una grata noticia: el recipiente estaba lleno de arroz. Debe ser la perla, comentó la buena mujer.
Ambos fueron más que corriendo a la cocina de la casa y la observaron atentamente; su brillo esplendoroso los maravilló. Intrigados, pusieron la perla en una vasija casi vacÃa y esperaron al dÃa siguiente. Por la mañana, ansiosos, abrieron la alacena y encontraron la vasija completamente llena de arroz. Colocada la perla en el baúl del dinero, éste se multiplicó, y lo mismo sucedió con la ropa, la comida y las joyas prestadas.
Poco tiempo después, la fortuna de esta familia intrigó a una pandilla de ladrones que entró en la casa para saquearla. Por su brillo y belleza, descubrieron la perla maravillosa y trataron de llevársela, pero el joven, temiendo perderla, se la guardó en la boca y se la tragó. Sintió de inmediato una sed insoportable, con violencia arrojó a los bandidos y corrió a una fuente vecina a beber con desesperación.
Todos los presentes vieron cómo el joven crecÃa y crecÃa transformándose en una descomunal criatura. Ojos enormes, cola inmensa y escamas, el monstruo saltó en el aire lanzando llamaradas, iluminó el cielo y con su aliento hizo llover, voló hacia las nubes y, como despidiéndose de su madre, volvió la cabeza antes de desaparecer.
Cuando llegan las lluvias y mejoran las cosechas en esa zona, la gente dice que es el dragón humano que viene a visitar a su madre con el regalo de la fertilidad de los campos. Afirman algunos que lo han visto volar y otros aseguran que ciertas rayas profundas que aparecen a veces en la tierra son las huellas de sus patas.
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