Cazadores

 

La Leyenda de los registros del Han Posterior

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Los Registros de Han Posterior, obra clásica de hace más de mil años, recoge la leyenda. Una mujer fue a pescar al río y quedó embarazada al chocar su cuerpo con un tronco. Poco después dio a luz diez hijos. El tronco, convertido en dragón, subió a la superficie. Nueve de los diez recién nacidos huyeron asustados y sólo uno montó en el lomo del padre y desapareció con él.

 

De acuerdo con sus aficiones, los nueve hijos se repartieron por el mundo para desempeñar funciones muy precisas. El primero, Bixi, aprecia la escritura y no teme las cargas pesadas; con apariencia de tortuga, sirve de soporte para las estelas. Al segundo, Zhewen, le gusta el riesgo y trepa a los techos de templos y palacios para desafiar al cielo y tragar de todo. El tercero, llamado Pulao, es sordo y aficionado a la música, cuanto más fuerte el sonido más contento se pone; por eso se instala en el asa de las campanas. Bian, el cuarto, interviene en los juicios, aborrece el crimen y es temido por los delincuentes; aparece sobre el dintel de las puertas de las cárceles. El quinto, Taotie, es glotón y acepta toda invitación a comer; se lo representa en ollas y recipientes de cocina. Al sexto, Baxia, le agrada nadar bajo los puentes, en manantiales o lagunas. A Yazi, el sétimo, ojos airados y fulgurantes, le gusta matar y se instala en la empuñadura de espadas y cuchillos. El octavo, Sunmi, sentado a los pies de Buda cuando habla con sus discípulos, permanece sobre las tapas de los incensarios de monasterios y templos. El noveno y último, Jiaotu, el menor, silencioso y reflexivo, desde las aldabas de las puertas, un aro pendiente en la boca, rechaza a los intrusos que turban el silencio.

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